QUERIDO HIJO MÍO

Seguro que algún día te preguntaras ¿habrá escrito mi padre una carta para mí? Tal vez ese día ya no esté a tu lado o sencillamente estaré viejo…
Vos sabes que te amo sin igual y sin medida, siempre has sido mi razón para vivir, por ti he tratado de evadir hasta el pecado con la cognición de darte valores y principios, no solo porque que seas mi hijo si no que eres esa pasión de amor convertido en mi albor, porque eres el regalo más pulcro que Dios me dado, por ser mis fuerzas, mi razón, mi respirar, tu siempre serás mi único y gran amor, en quien pueda confiar, creer y construir; hijo piensa que por siempre estaré a tu lado por el resto de mi vida y después también en cuerpo y espíritu.
Sabes he reflexionado mucho acerca de mi vejez, claro, si ese fuera de ser mi destino y luego de mucho meditar, te puedo decir que no he de envejecer por el simple paso de los años, te diré, y volveré a decir… tendrás para ti un padre amigo por siempre…

Espero que al pasar los años tampoco vayas a dejarte envejecer, menos envejecer o desertar de un sueño; los años te arrugarán la piel, es cierto; pero si aniquilas un sueño, se te arrugará el alma.

El ser humano debe ser tan joven como su fe, y tan viejo como su vacilación. Tan joven como su esperanza y tan viejo como su soberbia. Las dudas, los miedos y la ingratitud, son los enemigos que lentamente nos hacen inclinarnos hacia la tierra, y convertirnos en polvo antes de la muerte…
Se continuó siendo joven en tanto que afín a lo que es bello y a lo que es grande, afín al amor, a la ternura, a la amistad. Al progreso al esfuerzo diario, y si alguna vez tu corazón es mordido por el pesimismo, o carcomido por las desilusiones, o lastimado por renunciar a un sueño, o herido por que te negaron amor a quien tú has amado, confía en Dios hijo, por que el sabrá dar amor tener y piedad hasta de tu alma vieja.